Pedro Martínez, de 95 años, ha visto cerrar su tienda tras seis décadas

Pedro Martínez Ibáñez es una de esas personas a las que no se les puede realizar una entrevista corriente. Tiene tanto que relatar sobre su vida que simplemente hay que escuchar en silencio.

Hemos podido hablar con él en dos ocasiones. La primera en junio, unos días antes de que echara el cierre su histórica tienda de “géneros” (que estuvo abierta al público más de 60 años). La segunda en noviembre, en la sala de lectura del también histórico Centro Instructivo Ñorense (Casino), situado en la calle Mayor de La Ñora, justo al lado de donde siempre ha estado su negocio.

Parece lógico pensar que alguien como Pedro, nonagenario nacido en 1920, ha visto pasar una infinidad de acontecimientos por delante de sus ojos. Durante la guerra civil estuvo destinado en Los Jerónimos, redactando “partes” de los caídos en el frente y, entre otras cosas, presenció la visita de ‘la Pasionaria’ y de Negrín a este lugar.

En época más reciente estuvo vinculado a la directiva del Centro Social de Mayores (Club de la Tercera Edad) y en la actualidad, a sus 95 años, Pedro aún goza de una vitalidad envidiable. Se mueve por todo el pueblo a pie, para hacer compras, entrar un rato al Casino o al Centro de Mayores, o simplemente dar un paseo.

Por si fuera poco, es usuario habitual de la piscina climatizada del Club Horizonte. Confiesa que las últimas veces le ha subido su hijo en coche, pero hasta hace poco subía él mismo la empinada cuesta que conduce hasta el club. “Y luego me bajo yo andando”, apostilla. Además, recientemente le han hecho entrega de una placa, según nos cuenta.

Su tienda, conocida por la mayoría de los ñoreros y otras personas de localidades vecinas, cerró el pasado mes de junio de 2015, por jubilación de su sucesor. Es una más que se añade a la lista de establecimientos de larga trayectoria de La Ñora que recientemente han cerrado sus puertas. 


Pedro en Casino

Es un día nublado y algo frío. Entramos al Casino y encontramos a Pedro en la sala de lectura, elegantemente vestido, aunque abrigado y con una gorra, gafas puestas y el paraguas sobre la mesa, mientras lee el periódico. Nos recibe con total naturalidad, sin apenas cambiar el gesto. Hacemos las presentaciones y enseguida entramos en materia.

¿Cómo fueron los orígenes de ‘Cortinas Pedro’?

Pues tenía un local en Murcia, que estaba pagando el bajo tres meses… Entonces el dueño de esa casa (donde ha estado ubicado su establecimiento en La Ñora) y el cantinero del Casino fueron a mi casa a ofrecerme el bajo y me convencieron de que pusiera ahí mi negocio.

Ahí había un bar. Bueno, primero había una confitería. Era el dueño de la casa. Y después el matrimonio… se ve que se pelearon y eso lo cerraron, y pusieron un bar. Pero como estaba la cantina aquí, que vendía bastante… Total, que me convencieron y me vine aquí.

¿Pero usted estaba viviendo aquí?

Sí, yo tenía casa. Estaba casado tres años.

¿Y cómo es que decidió establecer su tienda en Murcia?

Porque mi negocio estaba muy extendido. Tenía un sistema de venta por tarjetas. Yo daba unas tarjetas con las que la gente podía comprar hasta el tope que yo les marcaba: a lo mejor eran mil pesetas, dos mil… según la situación económica de la clienta. Y luego trabajaba a comisión para algunas casas: La Estrella (de seguros), Guillamón, García Alcaraz… Yo les vendía género y trabajaba por el 15%.

Y la gente de aquí me decía que pusiera una tienda, que aquí no había ninguna… Y yo sabía que podía establecerme de todo lo que vendía: de géneros, seguros, aparatos de radio… Entonces vendía de todo. Me establecí aquí, y como estaba extendido por todas partes, La Ñora, Javalí Viejo y todos estos pueblos, Rincón de Beniscornia, La Albatalía, La Arboleja, Churra, en fin…

¿Qué le llevó a dedicarse a la actividad comercial?

Bueno, yo había estado 5 años trabajando de dependiente en una tienda. Lo que pasa es que me fui al ejército y estuve 3 años y medio, y cuando vine ya había perdido la plaza que tenía. No me la dieron. Tenía que esperar a ver si se iba otro al ejército… Y empecé yo por mi cuenta.

¿Dónde pasó su infancia?

Cerca de Los Jerónimos, por el carril de los Silvestres. Por donde está el Mercadona, para abajo. Allí estuve 31 años. Mi padre se dedicaba al ganado: tenía vacas, cabras, borregos… Y cosas de la huerta. Pero a mí no me gustaba eso. No tenía descanso ni los domingos. Yo estuve estudiando hasta los 16 años, pero ya estalló la guerra y me rompió los estudios. Y entonces me metí a dependiente.

En guerra estuve año y medio. Nos llamaban “la quinta de la chupeta”, porque teníamos 18 años. Y luego me tiré tres años y medio en el ejército, después de la guerra. O sea, cinco años en total.

Los mejores años de su juventud…

Pues sí, pero como eso no depende de uno… Así es la vida.

¿Cómo fueron los comienzos aquí en La Ñora?

Bien, muy bien. No podía fracasar porque tenía una clientela muy fuerte.

¿Cuándo se retiró usted?

En el año 85. Pero no podía dejarlo del todo porque tenía mucha clientela, y estuve 17 años. Hasta 2006. Y a partir de ahí fue bajando y bajando…

Patricio (su hijo) continuó el negocio familiar hasta que también le ha llegado la jubilación. En la siguiente imagen le vemos de espaldas, atendiendo a una clienta, unos días antes del cierre definitivo.

Patricio en tienda

Lo que ahora se conoce como “merchandising” ya lo hacía Pedro en sus comienzos, pues aparte del trato tan respetuoso que siempre ha dado a sus clientes, también les ha obsequiado  con diversos regalos, de carácter publicitario y con bellas estampas relacionadas con La Ñora, como la Rueda, con sus propios nietos como modelos improvisados.

Cuando llegaba la Navidad, unas veces daba almanaques, otras veces unas carteras… siempre daba cosas.

Aquí vemos dos ejemplos: un calendario de 1959 y una bolsa típica de las que entregaba a sus clientes con la compra correspondiente.

merchandising

Su edad sorprende no sólo por la cifra, sino por la salud que le acompaña. ¿Qué hace para mantenerse tan bien?

A mí me ha gustado mucho el deporte. Hacía gimnasia, natación… Y sigo. Los lunes y los miércoles me voy a la piscina.

¿Ah sí? ¿Al club Horizonte?

Sí, además me han dado una placa ahora, porque desde que empezó la piscina estoy allí. Soy el más viejo. Llevo por lo menos 15 años. Y 40 años saliendo a andar. Ésa es mi vida.


 

Cortinas Pedro (tienda)